Este tipo de receta no es solo un platillo, es un legado culinario que evoca recuerdos de cocinas familiares y momentos inolvidables. Con su cobertura crujiente y su interior cremoso, las croquetas representan la creatividad, dedicación y paciencia de las abuelas que las elaboraban con maestría.
Aunque esta receta parezca sencilla, lograr croquetas perfectas requiere atención a los detalles y algunos trucos bien guardados. Por ello, en esta sección te traemos algunos trucos que no puedes pasar por alto para recrear esa magia que lograba tu abuela en su cocina.
- La bechamel y relleno: la base de la perfección
En muchas de las recetas la diferencia yace en la bechamel, puesto que es allí donde radica su textura y cremosidad. Para obtener esta consistencia, lo recomendable es utilizar proporciones precisas y esto se logra muy fácilmente: por cada litro de leche, emplea 100 gramos de harina y 100 gramos de mantequilla.
Derrite la mantequilla a fuego lento y añade la harina, removiendo hasta formar una roux homogénea. Para que esta receta sea perfecta, incorpora la leche caliente poco a poco, revolviendo de manera constante para evitar grumos. Por último, suma un toque de nuez moscada y pimienta blanca para incrementar el sabor, tal como lo hacía tu abuela.
El relleno de la croqueta es una gran oportunidad para innovar sin perder la esencia, aunque debes saber que opciones clásicas como jamón, pollo o bacalao son infalibles. Si quieres cambiar un poco la receta, puedes experimentar con combinaciones modernas como setas con queso azul o espinacas con nueces.
- El empanado: crujiente y firme
El empanado es el paso que da a las croquetas su textura dorada y crujiente, una característica que no puede faltar en esta receta. Para lograrlo, sigue este orden: harina, huevo batido y pan rallado. Si quieres obtener una textura más crocante, mezcla pan rallado con panko, un ingrediente muy popular en estos días. Una vez empanadas, tienes que dejar reposar las croquetas en la nevera al menos 30 minutos, lo que hará que se compacten. Para freírlas, lo mejor es que se use un aceite limpio y caliente, una temperatura entre 180 y 190 grados y en lo posible que sea de girasol u oliva suave.