Los frascos de vidrio, tras cumplir su propósito inicial en la conservación de ciertos alimentos, pueden seguir siendo unos aliados en la cocina si se pone en práctica el reciclaje y la reutilización de materiales. Estos recipientes, por sus características, pueden funcionar para ordenar y organizar los espacios en una zona de la casa que siempre ha sido de alto tráfico.
Esta tarea es muy simple, solo hay que adecuarlos para su reutilización; esto implica llevar a cabo algunas acciones previas que los adecúen para su segunda oportunidad. Lo primero que hay que hacer es lavarlos bien y dejarlos secar. Una vez listos, comienza su proceso de rediseño.
Esta segunda fase comprende cambiar su aspecto y para ello se pueden sumar muchos más materiales de reuso. Ten a la mano un corcho, pintura acrílica del color deseado, papel o pegatinas, y un patrón de diseño que puedes crear en una hoja de papel con tus propias manos o guiándote por algunos modelos disponibles en redes sociales, como Pinterest.
Una vez que el recipiente esté seco, colocarás las pegatinas o adhesivos que hayas elegido y lo cubrirás con el color deseado. Cuando la pintura esté seca, procede a retirar las pegatinas para que el frasco quede decorado con estas nuevas figuras o formas.
La tapa puede cambiar su apariencia en medio de esta labor de reciclaje, y es ahí donde será útil el corcho. Puedes forrar o cubrir con este material para darle un toque diferente de textura, o utilizar cualquier corcho que te sobre de una botella de vino y colocarlo sobre la misma. Este paso es a tu elección.
Para que este reciclaje se dé por completado, no se puede saltar la fase del etiquetado, es decir, identificarlo con el nombre de su nuevo contenido. Esto no solo es un guiño a su estética, también facilita visualmente poder precisar lo que hay en su interior sin caer en la necesidad de abrirlo y más tomando en cuenta que este ha sido cubierto con pintura.