Lavar los trastes es una tarea cotidiana, pero puede tener implicaciones importantes para la salud. Aunque las esponjas son el método más popular para limpiar utensilios de cocina, los expertos advierten que podrían no ser la mejor opción debido a su capacidad para acumular bacterias.
Un estudio realizado en Noruega y publicado en el "Journal of Applied Microbiology" reveló que las esponjas de cocina son un ambiente ideal para el crecimiento de bacterias. Su textura porosa, combinada con la humedad constante y restos de comida, las convierte en un caldo de cultivo.
Según los investigadores, una sola esponja puede contener más bacterias que la cantidad de personas en el planeta. Aunque no todas estas bacterias son perjudiciales, algunas, como la salmonella, pueden causar infecciones graves.
Por su parte, los cepillos para lavar trastes son una opción más higiénica y efectiva. En el mismo estudio, los expertos analizaron 34 esponjas y 35 cepillos utilizados regularmente en hogares de Portugal y Noruega.
Los resultados mostraron que los cepillos albergaban significativamente menos bacterias que las esponjas, especialmente cuando se dejaban secar completamente después de cada uso. Las cerdas del cepillo no retienen tanta humedad como las esponjas.
Aunque muchas personas intentan limpiar sus esponjas con métodos caseros, como hervirlas, meterlas al microondas o remojarlas en cloro, los expertos señalan que estos métodos no eliminan completamente las bacterias. Por lo tanto, el riesgo de contaminación persiste.
En cambio, los cepillos que se escurren y secan adecuadamente después de usarse dificultan la supervivencia de microorganismos, lo que ofrece una solución más segura para la limpieza de trastes.
Por estos motivos, para mantener la higiene al lavar trastes, se recomienda cambiar las esponjas con frecuencia u optar por cepillos de cerdas resistentes. Deja que los cepillos se sequen completamente después de cada uso.
Lava y desinfecta periódicamente las herramientas de limpieza, incluyendo los cepillos. Asegúrate de que el fregadero y las superficies de la cocina estén limpios para evitar la propagación de bacterias.