Las paredes blancas son un básico en la decoración de interiores, especialmente en dormitorios y salones. Sin embargo, cuando permanecen completamente vacías, pueden dar una sensación fría y poco acogedora.
Afortunadamente, existe una solución decorativa que añade textura y elegancia sin necesidad de llenar las paredes con cuadros o adornos. Se trata de las molduras, un elemento clásico que ha vuelto con fuerza.
Las molduras son ahora accesibles para cualquier hogar gracias a los avances en materiales y técnicas de instalación. Su incorporación mejora la estética del espacio transformando por completo la habitación.
Los cuarterones son uno de los tipos de molduras más versátiles. Estas estructuras geométricas crean un diseño simétrico que da a las paredes blancas un aire ordenado. Aunque son comunes en salones o pasillos, su aplicación en la habitación puede lograr un buen resultado.
Las molduras rectangulares y alargadas generan una ilusión óptica que es ideal para dormitorios pequeños, ya que hace que la habitación parezca más amplia y alta. Si buscas maximizar el espacio percibido, estas molduras son una excelente elección.
Para quienes prefieren un enfoque más moderno, las molduras gruesas y con líneas sencillas ofrecen una propuesta diferente. Estas piezas destacan por su diseño limpio y minimalista, funcionando perfectamente en habitaciones con muebles de diseño.